La calabaza
Crecida, no fabricada.
Esto es una fruta de verdad. Creció en un árbol en el norte de Ghana, la cortaron, la vaciaron, la limpiaron y la secaron al sol hasta que la cáscara se endureció en algo que puedes heredar a alguien. Las cocinas de África Occidental llevan siglos usando la calabaza: para el agua, para el grano, para la manteca de Karité, para los tambores. Funciona porque respira y se mantiene fresca, que es exactamente lo que la manteca cruda quiere.
Cada una es distinta. La tuya variará en tamaño, en profundidad, en color. Algunas son de arena pálida, otras más cerca del marrón cuero. Casi todas llevan manchas, vetas o marcas tenues donde la cáscara creció contra una rama. Eso no es un defecto de acabado, es la fruta recordando de dónde viene. Si quieres algo idéntico, compra plástico.
Llénala con tu manteca de Karité y ponla donde puedas verla. Un cuenco así en una balda del baño hace algo que un tarro no hace.
Tamaño: unos 12 cm | 4,7 in de ancho, 7 cm | 2,75 in de alto, con variación natural
Material: 100 % calabaza, nada añadido
Contenido: ninguno, esto es solo el cuenco
Cuidado: limpiar con un paño, mantener seco, ni lavavajillas ni remojo
Hecho a mano significa hecho a mano. No hay dos personas que reciban el mismo cuenco.
Nuestra calabaza llega vacía, lista para que la llenes con tu manteca de Karité cruda favorita. Completamente natural, sin recubrimientos ni tratamientos, tal como la naturaleza la hizo. Cada cuenco tiene una capacidad aproximada de 250 ml, pero como cada calabaza es única, el tamaño y el color pueden variar.
Ahora puedes añadir esta pieza atemporal a tu ritual de cuidado de la piel. Una forma bonita y ecológica de guardar y servir tu manteca de Karité, igual que se ha hecho durante generaciones.
Sencillez. Tradición. Sostenibilidad.