La lata grande
Llega vacía, y eso es a propósito.
Llénala, vacíala, vuelve a llenarla. Esta es la que se queda quieta. Vive junto a la cama, en el alféizar de la cocina, al lado del fregadero donde las manos se lavan once veces al día y empiezan a agrietarse a mitad del invierno. Lo bastante grande como para que uses la cantidad que tu piel pide, en vez de una yema medida con cuidado.
La manteca de Karité cruda funciona cuando la usas de verdad, no cuando la guardas para una ocasión especial que nunca acaba de llegar.
Aluminio con tapa de rosca, así que no se agrieta y no hay que reemplazarla. Sirve desde tu bolsa de 450 g | 16 oz o tu caja de 2,25 kg | 5 lb, rellénala cuando baje, y esta lata sobrevivirá a casi todo lo que hay en la habitación.
Capacidad: 120 ml | 4 fl oz
Tamaño: 7,5 cm | 3 in de ancho, 2,5 cm | 1 in de alto
Material: aluminio de calidad alimentaria con tapa de rosca
Contenido: ninguno, esto es solo el recipiente
La lata pequeña viaja. Esta se queda al mando en casa. Mucha gente tiene las dos.
Y no, seguimos sin vender manteca de Karité en tarros. Viaja un largo camino desde África hasta ti, y el vidrio, el calor y la distancia tratan mal a la manteca cruda de formas que a una bolsa no le afectan. Así que viaja como mejor se conserva, y tú decides dónde vive una vez que llega.
Pensada para viajar junto a tu manteca, no por su cuenta.